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Algún mago pasó por Lavapiés para golpear con su varita una cochera de la calle Primavera. El hechizo convirtió al habitáculo en un improvisado teatro con apenas 80 butacas. Cuando el mago bricómano terminó, bautizó el nuevo escenario como Sala Tis en honor a antigua capital egipcia de la Confederación Tinita, el hogar de los faraones de las dos primeras dinastías,y lo cedió a cuatro actores que comenzaron a reunirse en él los viernes y los sábados para representar una obra cada día diferente.
Pese al tiempo que pasó desde entonces (por la calle primavera desfilaron las cuatro estaciones), algo de magia debió quedar impregnada en el lugar puesto que los profesionales, sin memorizar papel alguno, tenían la capacidad de representar cientos de papeles con la única ayuda de las sugerencias del público, que sólo les dictaba el título de las obras.
Y era tanta la afluencia de gentes venidas de todos los lugares de los alrededores del barrio que una tarde tuvieron que comenzar a cobrar la entrada para dirimir quien podría pasar a la sala. Como excepción que confirma la regla decidieron no improvisar el precio de los tickets y lo situaron en unos pírricos 14 euros (12 con reserva telefónica). Aún así las ordas de ciudadanos se amontonaban a las puertas del antiguo garaje. En su honor, los cuatro actores decidieron llamar al encuentro "jamming" (atascado, según un idioma de allende de los mares).
De esto han pasado muchos años y ya nadie recuerda la historia. Sin embargo, cada viernes y sábado la magia vuelve a Lavapiés. El precio instaurado antaño se mantiene aún y en las webs de Internet han sustituído la palabra "mágia" por las de "teatro improvisado". Una pena.